
¿Y que es un koan?
Puede parecer que un koan es algo aparentemente estúpido o absurdo, pero no lo es.
La respuesta a un koan también suele ser extraña, y en ocasiones tiene bastante de humor o ironía, un koan no tiene por qué ser necesariamente un discurso , puede ser una acción como encender una barrita de incienso o rascarse la cabeza, depende del maestro y por supuesto depende del discípulo porque un koan es algo que va dirigido específicamente a una persona en concreto, a veces el mismo koan es para varias personas, otras veces no.
Un koan no es un juguete, no sirve para pasar el rato; un koan no es algo que pueda ser usado como una pastilla antidepresiva ni tampoco como un malabarismo virtuoso de las palabras, un koan no tiene la misma respuesta para todos, cada persona a la que el maestro ha planteado el koan dará su respuesta y el maestro observará mediante esas respuestas el avance del discípulo.
Es por tanto un método de comunicación muy profundo donde el maestro puede constatar por sus respuestas que el discípulo ha llegado al mismo entendimiento; aunque puede ser también una forma de comunicar sentimientos muy profundos e ideas muy sutiles entre dos personas a las que el lenguaje se les ha quedado corto.
Un koan siempre tendrá una respuesta sin ser una pregunta
En ocasiones, aunque no haya un maestro, la vida o la gente que nos rodea nos plantean situaciones que bien podrían ser un koan, la respuesta obviamente será de tal forma que encajará y formará un todo, porque con los koan no se puede hacer trampas. Hacer trampas es la mejor forma de no llegar a ningún sitio, a nadie se puede engañar respondiendo artficiosamente a un koan y pretenderlo o hacerse el listillo solo sirve para quedar como un payaso ridículo.
Aunque bien mirado esa situación y ser consciente de ella también podría ser un buen koan:
Siendo mas listo que el hambre
Te quedas con el culo al aire
Si no eres un pulpo ¿A qué juegas?
El maestro, blandiendo su bastón en el aire dice:
-No lo llaméis bastón; si lo hacéis, afirmáis. NO neguéis que es un bastón; si lo hacéis, negáis. Sin afirmar ni negar, ¡hablad hablad!
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Se dirige el discípulo a maestro para decirle:
-Maestro, ya no tengo nada en mi mente, ¿qué debo hacer?
-Tíralo fuera-contesta el maestro-
Y el discípulo, sorprendido insiste:
-Pero si no tengo nada en la mente.
-Tíralo fuera –concluye el maestro-.
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Un discípulo de Hunag Po al observar que éste estaba rezando ante una imagen de Buda, le dijo:
-Si no debemos buscar el Zen por medio del Buda ni del Dharma ni de la Shanga ¿Por qué te postras delante del Buda como si deseases conseguir algo por medio de ese acto de devoción?
-No busco nada por medio del Buda, ni del dharma, ni de la shanga-repuso el maestro-. Tan solo estoy haciendo un acto de devoción al Buda.
-Pero ¿para qué sirve ponerse tan santurrón?
Ante la nueva pregunta del discípulo, el maestro le propinó una fuerte bofetada.
-¡Que bruto eres- se lamentó el discípulo!
¿Sabes donde estás-preguntó el maestro?-. En este lugar no tengo tiempo para considerar por ti lo que significa la cortesía o la grosería. Y dicho esto le dio otra bofetada no menos fuerte que la anterior.
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El discípulo viene de muy lejos para ver al maestro, al verlo llegar le pregunta:
¿Vienes de muy lejos?
-Desde luego. ¿Qué norma me entregas?
-Sólo una: si yendo por el camino te tropiezas con Buda, mátalo.
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En cierta ocasión Hyakujo caminaba junto a su maestro Baso y de súbito descubrieron en el cielo una bandada de gansos salvajes. Baso preguntó:
-¿Qué son?
Hiakujo respondió:
-Gansos salvajes.
-¿Hacia donde vuelan?
-Han desaparecido.
El maestro Baso entonces retorció violentamente la nariz de Hiakujo y le dijo:
-Dices que han desaparecido y, sin embargo, estuvieron aquí desde el comienzo.
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“Con las manos vacías voy y, ¡mirad!, la pala está en mis manos”.
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“Cuando paso sobre un puente, no fluyen las aguas, pero el puente corre.”
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“Avanzo a pié y, sin embargo, cabalgo a lomos de un buey.”
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Pregunta el discípulo:
-Maestro, dime, ¿Cuál es la verdad esencial? ¿Cuál es la verdad última?
Contesta el maestro:
-Hijo mío, no tengo ni la más remota idea.
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“Todas las cosas pueden reducirse a la unidad, pero, ¿Adónde puede reducirse la unidad?”
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Dice el discípulo:
-Os ruego me mostréis el camino de la liberación.
Responde el maestro:
-¿Quién te tiene prisionero?
-Nadie.
-¿Por qué buscas, pues, la liberación?
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Bodhidharma preguntó a Hui-k´o:
-¿Qué quieres?
Y Hui-k´o dijo:
-Mi espíritu no está en paz. Te ruego que lo serenes.
-Coge tu espíritu y colócalo ante mí para que pueda serenártelo.
Pero es que cuando lo busco no lo encuentro- explicó Hui-k´o.
-Ya ves-concluyó Bodhidharma-. Ya he serenado tu espíritu.


